terça-feira, 26 de outubro de 2010

HUNAB KU ¿LA CAUSA DEL CAMBIO?

HUNAB KU

¿Es posible que el centro de la galaxia sea el responsable de los intensos cambios climáticos que estamos enfrentando? ¿Los mayas tenían razón al señalar el distante centro de la Vía Láctea?

Un enigma en el centro de la galaxia

La Vía Láctea es una formación espiral que contiene más de 200,000 millones de estrellas. Con un diámetro estimado de 100,000 años luz, nuestro Sol se ubica a unos 27,700 años luz de su núcleo. Allí, en su centro, se encuentra una poderosa fuente de energía que, supuestamente, los mayas conocían. Hoy en día los estudiosos de las profecías mayas se refieren a esa misteriosa fuente de poder como Hunab Ku, o “Hemal Ku”, la “Deidad Primigenia”.

No pocos investigadores relacionan a Hunab Ku —para los mayas, el “Creador y el centro de todo”— con el personaje mitológico Hun-Hunahpú, mencionado en el libro sagrado Popol Vuh como el dios del Juego de la Pelota, un ritual maya que escondería el desarrollo de un gran evento cósmico, en donde Hun-Hunahpú encarnaría al núcleo galáctico y aportaría una probable fecha de conexión: Hun, o Uno Hunahpú, equivale al nombre “Uno Ahau”, presente a todas luces en el calendario maya como el “primer sol”, detalle que diversos investigadores asocian al solsticio del 21 de diciembre de 2012, día en que se cierra la Cuenta Larga. Al margen de ello, el sagrado Popol Vuh parece proteger en sus relatos un conocimiento antiguo que se camufla bajo la fachada del Juego de la Pelota.

El juego consistía en un rito de iniciación, muerte y renacimiento. Representaba para ellos el “origen del Universo”. La lucha que se daba no era, en realidad, entre los “jugadores”, sino que éstos representaban astros y fenómenos celestes. En descifrar todo ello está la clave.

Este juego tuvo diversas variantes de acuerdo a la época y el lugar donde se practicaba. Por lo general, se empleaba una pelota hecha de caucho que se golpeaba con la cintura, las rodillas, los hombros y los codos. El objetivo del juego era pasar la pelota a través de un pequeño anillo que se ubicaba en una de las paredes del campo de juego. En Chichén Itzá se puede ver uno de estos “campos” en donde se realizaba el ritual. Cuando estuve allí me preguntaba qué significaba para ellos —esotéricamente— hacer pasar la pelota por el anillo. ¿Sería acaso una representación de la Tierra cruzando un umbral o portal cósmico?

Se afirma que con el tiempo el juego se fue deformando al añadirse nuevas reglas, incluso sacrificios humanos para los jugadores que perdían—aunque algunos historiadores ven en ello un símbolo de renacimiento al paraíso—. Como haya sido, exploremos la historia del juego.

De acuerdo al Popol Vuh, Hun-Hunahpú jugaba al Juego de la Pelota con su hermano Vucub Hunahpú en contra de Hun Batz y Hun Choen. El relato dice que el ruido del juego molestó a los Señores de Xibalbá —el inframundo—: Hun Came y VacubCame, quienes retaron a Hun-Hunahpú y a su hermano para jugar en Xibalbá. Valiéndose de engaños y trucos, los Señores de Xibalbá ganaron y decapitaron a los dos hermanos. Más tarde, Ixquic, una joven doncella del inframundo, se acercó al Árbol de Jícara en que yacía transformado Hun-Hunahpú y tomó, clandestinamente, un fruto de ese árbol, que resultó ser la cabeza del dios maya, atado allí por un hechizo de los Señores de Xibalbá.






Se cuenta que la cabeza le escupió en la mano a la doncella, llenándola de magia y dejándola embarazada de dos varones gemelos que más tarde derrotarían a los propios Señores de Xibalbá y “resucitarían” luego a Hun-Hunahpú.

Esta historia podría esconder un mensaje: La resurrección de la luz y el restablecimiento del orden. El relato que habla de traición a manos de otras “deidades”, una venganza por parte de los “hijos”, que son engendrados mágicamente, y la resurrección del personaje principal —Hun-Hunahpú — es sospechosamente similar al mito de Osiris, la conspiración de su hermano Seth, el embarazo de Isis, y la venganza de Horus. ¿Acaso ambos relatos describen la misma historia cósmica? De todas las leyendas y relatos que estudié detenidamente de los mayas, estoy seguro de dos alusiones importantes que se repiten: Al Sol, y si aceptamos la discutida interpretación de Hunab Ku, al mismísimo centro de la galaxia.

El camino a Xibalba Be, también llamado “Camino Negro” —que transitó Hun-Hunahpú— podría estar hablando de la naturaleza del núcleo galáctico. Actualmente sabemos, gracias a la moderna astronomía, que en el corazón de la Vía Láctea se encuentra un agujero negro supermasivo. Y lejos de toda idea preconcebida de que los agujeros negros sólo absorben materia y energía, también emiten radiación. “Me equivoqué”, sostuvo el reconocido físico Stephen Hawking en relación a la tesis que defendió por más de 30 años sobre los agujeros negros y su naturaleza. Hoy se sabe que pueden emitir importante radiación y que en su interior ocurren insospechadas fluctuaciones cuánticas. Resulta sorprendente si los mayas sabían del agujero negro en la Vía Láctea…

Y más inquietante aún si conocían de las radiaciones que emite y que, cada cierto tiempo, alcanzan al Sol y a la Tierra ocasionando grandes mutaciones. Es entonces cuando la profecía del 2012, y la probable advertencia de civilizaciones sumergidas, empiezan a cobrar un giro inusitado y sorprendente. ¿Fue acaso “Hunab Ku” el invisible agente de los grandes cambios cíclicos en la historia de la Tierra? ¿Cómo es posible que un agujero negro, a más de 27,700 años luz de nuestro Sistema Solar, pueda ocasionar semejantes transformaciones? ¿Era éste el mensaje del gran Kukulkán y de los hombres barbados?

El rayo de la mutación

Sugerir que el sabio Kukulkán, pudo ser, el mensajero de este gran acontecimiento, y que pertenecía a un grupo de remanentes de la perdida Atlántida, u otro “mundo sumergido”, resulta chocante e inadmisible para los historiadores ortodoxos. Si existió, dicen, fue tan sólo un extraño personaje que estuvo entre los mayas en el año 1,000 después de Cristo. Supuestamente, en aquellos tiempos les vaticinó el arribo de Hernán Cortés y la dominación posterior del Cristianismo. Y habló de su “regreso”... ¿Será textual o se trata de un símbolo? Rastrear el origen de las profecías mayas es muy difícil. Pero todos los caminos parecen señalar a Kukulkán. Estoy convencido de que aquella enigmática visita de hombres barbados que “llegaron de lejos” es la clave del mensaje. Si aquellos hombres eran supervivientes —o descendientes— de una fantástica cultura que pereció en el mar, y que otrora disponía de tecnología, no resulta tan extraño el que hayan conocido la naturaleza del núcleo galáctico y su influencia en los cambios de la Tierra. Lo que no deja de ser increíble es, que si lo sabían, ¿por qué no pudieron enfrentarlo? Es probable que sus guerras y planes de colonización los hayan distraído peligrosamente. Y cuando quisieron reaccionar, ya era demasiado tarde. Una escena similar al relato del Arca de Noé en el Antiguo Testamento. Nadie quiso escuchar, hasta que llegó el “Diluvio”. No obstante, diversas teorías sugieren que no todos en la Atlántida estaban de acuerdo con el comportamiento bélico. Se cuenta que el Consejo de Sacerdotes estaba al tanto del venidero desastre y, al no poder hacer tomar conciencia a su gente de lo que estaba por suceder, decidieron construir refugios subterráneos. En ellos se depositarían los “Registros Históricos” de su civilización. Pasado el tiempo, los supervivientes enseñarán sus conocimientos a las gentes que se hallaban disgregadas en la superficie. La idea era acelerar el resurgimiento de la civilización humana, y entregar un mensaje, o mejor dicho, una advertencia: No cometer la misma equivocación. Tal vez ellos sabían que 13,000 años más tarde del hundimiento de Atlántida se repetirían los factores cósmicos que su Imperio no supo manejar. Desde luego, es complicado precisar cuál fue la causa final del desastre, pero, sea lo que haya sido, coincidió con el denominado “Rayo de Mutación” que proviene del centro de la Vía Láctea.

Hunab Ku, el Núcleo Galáctico, también conocido como “El Dador de Movimiento y Medida”, emitiría cada cierto espacio de tiempo una “pulsación” de energía que transforma las formas de vida. Aunque en realidad su emanación es constante, tiene “picos” o “explosiones”. Las más importantes sucederían en dos ocasiones dentro de la gran rueda precesional de 25,920 años para otros, sólo ocurre una vez en aquel gran ciclo— en donde “sincroniza” su energía con “Kinich Ahau”, el nombre que los mayas le daban a nuestro Sol. Los chamanes mayas de la actualidad saben de esto, y afirman, desde hace mucho, que el Sol experimentaría grandes cambios que podrían conducir a la Tierra a un verdadero desastre climático. Las energías estarían movilizándose como nunca antes y exigiría de todos nosotros un equilibrio y balance espiritual para sobrellevar la situación. Carlos Castaneda, el célebre antropólogo que publicó en 1968 el Bestseller “Las Enseñanzas de Don Juan”, creía también en la necesidad de prepararse espiritualmente ante los cambios que vendrían. Así lo aprendió de los Yaquis, quienes de acuerdo a “Los Anales de los Cakchiqueles”, fueron la primera tribu maya que se separó del resto de clanes permaneciendo hasta la actualidad.


El “Rayo de la Mutación”, o si queremos llamarlo de otra forma, la radiación del centro galáctico, no sólo afectaría al Sol, sino que éste, como si se tratase de un gigantesco espejo, reenviaría también esa energía al planeta potenciando así los cambios. Si el Sol está mutando debido a una influencia cósmica del agujero negro que se encuentra en el corazón de nuestra Vía Láctea, la teoría oficial del cambio climático por la emisión de gases de efecto invernadero debería, como mínimo, revisarse. ¿Y qué decir de la posible implicancia de esta “radiación cósmica” en la vida humana?

Se trata de un extraño fenómeno que, como decía, ocurre dos veces durante la gran rueda de la precesión, es decir, cada 13,000 años aproximadamente. Así, en el solsticio, la Tierra se alinea con el Sol y con el centro de la galaxia en dos ocasiones durante ese ciclo.


El 21 de diciembre de 2012 se producirá está inquietante alineación que ha sido verificada y constatada por los científicos. Una vez más, el extraordinario conocimiento astronómico de los mayas pone en jaque a nuestra ciencia moderna. Y lo menos que podemos hacer ante ello es escuchar con respeto el mensaje de sus profecías para prepararnos para los tiempos que vienen, después del 2012.

¿Y qué dicen los hallazgos científicos sobre “Hunab Ku”?

En el centro de la galaxia las nubes de polvo cósmico hacen que esa zona sea prácticamente “invisible” para nuestros telescopios ópticos. Sin embargo, con la ayuda de nueva tecnología, como el observatorio orbital de rayos X de la NASA, “Chandra” —además de otros radiotelescopios— los científicos han podido echar una “mirada” al lejano corazón de la galaxia.


Chandra es un satélite artificial que fue lanzado por la NASA —a través del trasbordador Columbia (STS-93)— el 23 de julio de 1999. El ingenio tecnológico puede mirar el espacio en rayos X, con una resolución angular de 0,5 segundos de arco, mil veces mayor que el primer telescopio orbital de rayos X. Entre otras cosas, Chandra reveló que existen prolongaciones energéticas, llamadas “plumas” o “penachos” por los estudiosos, en torno a un agujero negro. Se tratarían de partículas que pueden extenderse hasta 300,000 años luz. Estas extraordinarias fluctuaciones se originarían en agujeros negros supermasivos como el que posee nuestra Vía Láctea. Con los años, los científicos fueron documentando todo cuanto podían aprender del centro galáctico y si su radiación podría afectarnos. El gigantesco agujero negro —también conocido como “estrella A” de Sagitario— es un monstruo que tiene al menos más de cuatro millones de veces la masa de nuestro Sol.

Sin embargo, hasta hace pocos años se pensaba que su radiación era “débil” como para preocuparnos. Pero la actividad energética del centro galáctico se ha incrementado generando muchas preguntas en los astrónomos. El Chandra fue clave para detectar este “cambio” en Hunab Ku. Y no sólo el Chandra. En 2008 se difundió la noticia de que un equipo de astrónomos japoneses, usando el XMM-Newton de la ESA junto a potentes satélites de rayos X de la propia NASA, había descubierto gracias al método de detección de “ecos de luz” que el centro de nuestra galaxia se estaba “despertando”. Las observaciones recolectadas entre 1994 y 2005 revelaban que nubes de gas alrededor del agujero negro aumentaron en su brillo. Una fuerza era despedida desde el centro de la galaxia y estaba empezando a cambiar todo su entorno espacial inmediato. ¿Es esto posible?

Un agujero negro es un cuerpo con un campo gravitatorio gigante, de tal forma que ni la luz o alguna radiación electromagnética podrían escapar de sus fauces. Se sabe que está rodeado de una “Ergoesfera”, una suerte de frontera esférica que permite que la luz sea absorbida. Sin embargo, un agujero negro no está detenido. Se puede mover a grandes velocidades, como si fuese un remolino, tan deprisa que emite rayos X —exactamente lo que detectó el Chandra—. Pero la radiación del centro galáctico es mucho más que rayos X. En el año 2004, diversos astrofísicos de la Universidad de Arizona, del Laboratorio Nacional de Los Alamos, y de la Universidad Adelaide de Australia, descubrieron que el núcleo de la galaxia está emitiendo una importante radiación de rayas gamma, con una energía de “decenas de trillones de electrovoltios”. Describieron el mecanismo del agujero negro como el de un “gran acelerador de partículas” al colisionar protones a grandes velocidades.

Todo esto, desde luego, es la “punta del iceberg”.

Mutaciones en el Sol

Los científicos concuerdan en que hay una variada combinación de factores para que nuestro centro galáctico esté enviando diversos tipos de radiación, que parecen conformar “un rayo” unificado de energía de efectos impensados. Como fuere, todos los hombres de ciencia coinciden en que el responsable de este fenómeno es el agujero negro supermasivo.

En su polémico libro “Beyond the Big Bang”, el astrofísico Paul Laviolette defiende que el área situada en el centro de nuestra Vía Láctea se activa cada cierto tiempo, “explosionando” en “olas de energía”. Según Laviolette, durante esa fase explosiva, el núcleo de la galaxia vomita rayos gamma, pulsaciones electromagnéticas, polvo cósmico y otros elementos. Por si todo ello fuera poco, el científico calculó que la última vez que ocurrió una explosión semejante fue hace unos 13,000 años. Encaja con la teoría de “dos rayos” durante el gran ciclo precesional…

Y el primer objeto afectado, cuando empiezan estas erupciones cósmicas, es el Sol: Nuestra estrella enana amarilla es la que absorbe inicialmente estas radiaciones que viajan hacia su corona. El fenómeno produciría importantes mutaciones en su estructura y comportamiento, para más tarde afectar, en consecuencia directa, el clima de la Tierra. Y esto lo estamos viendo.

Sin ir muy lejos, el año 2005 —que se suponía tendría pocas manchas solares— nos sorprendió con una explosión de clase “X7” en el Sol. Aquella imprevisible tormenta solar lanzó varios millones de toneladas de protones que se transportaron desde el Sol hasta la Tierra en un espacio de tiempo inferior a media hora, cuando lo “establecido” marca que se demore entre uno o dos días. ¿Cómo viajó tan rápido hasta nosotros?

Estas explosiones, llamadas “eyecciones de masa coronal” (EMC) se han incrementando de manera preocupante estos últimos años. Las más violentas —las “X”— han coincidido con perturbaciones en la red de satélites, toda la infraestructura de la comunicación, la navegación aérea, y ni qué decir del clima. Las EMC se hallaron íntimamente conectadas con inundaciones, huracanes, sequías, y demás perturbaciones en el planeta. Y hay que decir que muchas veces la NASA ha demorado en entregar a tiempo el reporte de lo graves que fueron estas explosiones solares. ¿Por qué? En la medida en que este evento en el Sol se ha ido incrementando —supuestamente, generado por la radiación del centro galáctico— el campo magnético de nuestro mundo fue decreciendo de manera alarmante. Como sabemos, aquel importante campo de energía, o “magnetosfera”, es generado por la rotación del núcleo planetario, una mezcla de hierro y níquel que trabaja como una gran dinamo, creando un “escudo” electromagnético que se desprende por los polos. Este campo de energía tiene relación directa con el Sol, por tanto nuestra estrella podría “influir” en el tamaño y forma de nuestra magnetosfera. Si hay alguna “anomalía” —como la que hay— podría distorsionarlo, o hacerle un agujero.

En los últimos cinco mil millones de años, el núcleo de la Tierra ha rotado generando ese poderoso campo magnético protector, que es 1000 veces más fuerte que el de cualquiera de los otros planetas cercanos, como Venus o Marte. De ese escudo depende la vida y la evolución. De hecho, sabemos que más de una especie lo emplea para sus migraciones o para construir sus madrigueras. Aunque los seres humanos creemos que este es un problema sólo para las aves, las ballenas o las comadrejas, la mutación de nuestra estrella, y su acción en la magnetosfera, podría producir desórdenes para todos.

La verdadera causa de los cambios climáticos, como tormentas, inundaciones, e incluso terremotos, podría estar ligada a las mutaciones solares y su conexión con la Tierra. Si todo esto es ocasionado por la radiación de “Hunab Ku”, los mayas no estaban tan equivocados…

Ricardo González

www.legadocosmico.com

OLLIN TONATIUH, EL QUINTO SOL

Puede comprenderse ahora que la simplicidad de las mitologías de la creación del mundo por parte de las diversas culturas antiguas, como el génesis bíblico, ha constituido un recurso pedagógico de enseñanza y estímulo del hombre prehistórico a las diversas generaciones de nuestra joven humanidad, semejante a cuando queremos enseñar algo a nuestros hijos teniendo que expresarlo en un lenguaje propio de su edad.

De esta manera se estimuló el desarrollo histórico del conocimiento científico creando la necesidad de desmentir la imprecisión de los antiguos mitos. Es tiempo ya de que Adán y Eva terminen de asimilar el fruto que comieron del árbol de la ciencia del bien y del mal, terminando de expiar su pecado original e iniciando la reconstrucción del paraíso perdido.

Existen varios códices que hablan de la historia de los soles o épocas por las que ha pasado la población mesoamericana, por ejemplo el códice Vaticano, que menciona cuatro soles y asigna una duración de varios milenios a cada uno, sin embargo la generalidad de los códices hablan también de un quinto sol y con una duración de sólo varios siglos cada uno. Esto es porque dichos códices aluden a soles que no son históricos, sino rituales, con una duración de 13 períodos de 52 años, es decir, 676 años para cada sol ritual.

Los períodos de 52 años se generaban con la combinación del año solar y el tonalpohualli o calendario astrológico de 260 días (aproximadamente igual al periodo de gestación de un ser humano) que constituía una elaborada tecnología social con la que se dirigían y administraban todas las civilizaciones mesoamericanas.

El quinto sol ritual fue como un óvulo o germen de lo que habrá de ser el quinto sol histórico, Ollintonatiuh o “Sol de Movimiento”, que es identificable con el Reino de los Cielos de la cosmovisión cristiana, así como con el Paraíso Terrenal prometido por todas las religiones.

En esta época el ser humano habitará no solo el paraíso terrenal, sino el basto universo interestelar. Apoyado en una ciencia y tecnología del cuerpo humano y su medio ambiente físico y espiritual. Para lo cual ha sido necesario alcanzar el actual grado de conocimientos científicos y tecnológicos.

Así como Cristo concibió a su sacrifico como el medio para la salvación del mundo y la venida del Reino de los Cielos, igualmente los sacrificios religiosos que se realizaban en el México antiguo eran para conseguir la salida del sol, de la quinta época o Sol de Movimiento y de esa forma salvar a la tierra Coatlicue de la prolongada noche mediante el nacimiento de su hijo Huitzilopochtli.

La investigadora francesa Laurette Sejourné llegó a las siguientes conclusiones en su estudio de la simbología nahuatl:

La consecución del quinto sol se logrará a través de la unión de los contrarios, la dinámica de su unión está en la base de toda creación, tanto espiritual como material. Del cuerpo brota y florece el alma solamente si es traspasado, de uno u otro modo, por el fuego del sacrificio; la tierra a su vez, no da sus frutos más que penetrada por el calor de los rayos solares y el agua de las lluvias.

Es decir, que el elemento generador no es ni el calor ni el agua simples, sino una combinación equilibrada de los dos. Y en efecto, bajo este doble aspecto aparece frecuentemente en Teotihuacan y en toda la cultura nahuatl la divinidad del líquido celeste, la fórmula mística del agua incendiada: el atl tlachinolli.

O CAMINHO SAGRADO DO POVO GUARANI


“Quando Nhanderu fez o mundo, ele fez também os caminhos!”

O povo Guarani tem um profundo respeito pelos caminhos. O “caminho”, o “caminhante” e o “caminhar” são realidades e conceitos preciosos dentro do seu complexo mundo cultural.
Tanto que eles, notadamente os mbyás, orgulhosamente se autodefinem como “tapejaras”, palavra que algumas vezes vezes aparece traduzida como “povo sempre em movimento”.

Conforme relatou Werá Tupã à pesquisadora Rosana Bond:
“Nós somos tapedjá porque sempre estamos no caminho. Falam muita coisa, mas de verdade essa palavra significa ‘guardião dos caminhos’. Não quer dizer só guia de estrada, mas também do caminho espiritual,”
Os Guarani sacralizam as caminhadas, chamadas “oguatá”.
Segundo Celeste Ciccarone: “Oguatá, a caminhada, é a representação do percurso da reatualização do mito original da fundação do mundo mbya (guarani) e de seus heróis fundadores: a existência do mundo terreno se faz e é feita pelo movimento, nomeando o espaço, rompendo o território, redescobrindo e reconquistando o mundo”.
“A migração é a celebração e a lamentação dos mbya sobre o mundo natural e humano. Um rito de identificação de um povo que não pára, um povo que caminha no espaço vivenciado como um campo de constante travessia, movimento e reciprocidade, uma comunicação de palavras, bens, mulheres e homens que circulam initerruptamente”.
A antropóloga Flávia de Mello diz que nas caminhadas, até os dias atuais, está um desejo da tribo de imitar os deuses, além de ser um reforço aos poderes dos xamãs:
“Oguatá Porá significa literalmente boa caminhada. O caminhar tem uma conatação cosmológica fundamental para os Guarani.
(...) É a forma com que os deuses construíram o mundo, e o caminhar pelas distintas aldeias, reconstruindo suas casas, roças, suas vidas enfim, reproduz essa conduta (das divindades).
(...) Em sentido mais amplo, oguatá é uma metáfora para ‘viver’. As oguatá, ato de caminhar, ou as ‘viagens’, são ações fundamentais para a aquisição e a utilização dos poderes xamânicos”.

* Resumo retirado do livro "História do Caminho de Peabiru - Volume I de Rosana Bond

quarta-feira, 13 de outubro de 2010

ACERCA DE LA DOCTRINA DE LOS CICLOS EN UN POEMA NAHUATL

Luego de haberse publicado en la página Fin de Ciclo el capítulo anterior, cayó en nuestras manos una pieza lírica perteneciente a la cultura nahuatl que no vendría sino a confirmar –en líneas generales y con las diferencias propias que un punto de vista sobre un mismo tema desarrollado desde tradiciones enteramente distintas presupone– muchos de los asuntos que allí tratábamos.

Aclaramos que en la traducción del poema que poseemos saltan a la vista algunas incongruencias. A fin de paliarlas, colocamos entre corchetes y antecedidas de un asterisco nuestras propias glosas. Entre corchetes y sin asterisco consignamos, en cambio, las aclaraciones del traductor (Ángel María Garibay K.).

La pieza se titula "Rito de los cinco soles" y expresa:

Se refería, se decía,

que así hubo ya antes cuatro vidas,

y que esta era la quinta edad.

Esta estrofa inicial ya nos ubica con claridad en el aspecto bajo el cual se encara la concepción cíclica del tiempo en la obra. En efecto, no se trata aquí de dividir el Manvántara, o ciclo completo de una humanidad,en cuatro edades de duración decreciente sino en cinco de idéntica longitud, ello es, según múltiples datos tradicionales, cinco Grandes Años considerados en tanto semiperíodo de la precesión de los equinoccios.

Como lo sabían los viejos,

en el año 1-Conejo

se cimentó la tierra y el cielo.

Y así lo sabían,

que cuando se cimentó la tierra y el cielo,

habían existido ya [*habrían de existir] cuatro clases de hombres [*además de la primera clase de hombres],

cuatro clases de vidas [*posteriores a la primera vida].

Sabrán igualmente que cada una de ellas

habría existido [*habría de existir] en un sol [una edad, equivalente a un Gran Año].

Esta problemática segunda estrofa, referida evidentemente a la creación de nuestro mundo, vale decir, al punto de partida del presente ciclo, debe ser por eso revisada. La otra lectura posible, respetando la traducción original, sugeriría que esas cuatro humanidades previas aludan a otros tantos ciclos de humanidad anteriores equivalentes al nuestro. De ser así, a dicho número no habría que tomarlo literalmente, ya que diversas noticias tradicionales coinciden en que los manvántaras precedentes fueron seis y no cuatro. Como sea, y a fin de no tergiversar el valor que la expresión 'un sol' posee a lo largo del poema es que preferimos la primera interpretación a la segunda.

Y decían que [*de] los primeros hombres

que dios los hizo, los forjó de ceniza.

Eso lo atribuían a Quetzalcóatl,

cuyo signo es 7-Viento,

él los hizo, él los inventó.

El primer sol [edad] que fue cimentado,

su signo fue 4 - Agua,

se llamó Sol de Agua.

En él sucedió que todo se lo llevó el agua.

Las gentes se convirtieron en peces.

Uno de los aportes más interesantes de este texto radica en que cada 'edad' finaliza con un cataclismo. El pasaje de un 'Gran Año' a otro, así, se halla obligatoriamente delimitado por un evento catastrófico, esto es, por una 'caída' (otra no es la significación etimológica de 'cataclismo' y 'catástrofe'). Dichas caídas, puestas en serie dentro de la unidad mayor que presupone el Manvántara, o ciclo humano completo, nos van pautando con toda precisión los 'escalones' del progresivo descenso cíclico de una humanidad. Los paralelos con otras tradiciones son de fácil cotejo.

Se cimentó luego el segundo Sol [edad].

Su signo era 4 - Tigre.

Se llamaba Sol de Tigre.

en él sucedió

que se oprimió el cielo,

el Sol no seguía su camino.

Al llegar el Sol al mediodía,

luego se hacía de noche

y cuando ya se oscurecía,

los tigres se comían a las gentes.

Y en este Sol vivían los gigantes.

Decían los viejos

que los gigantes así se saludaban:

"no se caiga usted",

porque quien se caía,

se caía para siempre.

Las veladas alusiones de estos versos a una 'inclinación' del sol hacia el mediodía, esto es, hacia el sur, quizá nos informen acerca de las consecuencias de una conmoción ocurrida durante este período, concordante en líneas generales con la Edad de Plata hesiódica. En efecto, el hecho de 'oprimirse el cielo', seguido de una 'desviación' del sol en su camino, bien puede aludir a dos cosas: primero, al evento, sea cual haya sido, que determinó la inclinación del eje terrestre, acontecimiento estrechamente vinculado, según diferentes testimonios, a lo que la tradición judeocristiana designa 'caída del hombre'.

En segundo término, parece manifiesto que la situación geográfica descripta en esta estrofa debe ser francamente boreal, si no nítidamente polar, aludiéndose así al inicio de los meses de sombra en esas lejanas latitudes justo cuando 'el sol llega a mediodía', esto es, cuando por la eclíptica 'se inclina' hacia el sur dando paso a los meses de oscuridad.

Piénsese que, por el contrario, antes de haberse producido la inclinación del eje terrestre, las regiones polares habrán sido las únicas del globo en gozar a perpetuidad de la luz solar. A partir de esta comprobación se entiende la denominación de Tierra del Sol, o Siria, para la primigenia Varahi, la tierra del Jabalí Blanco de la tradición hindú, o Hiperbórea, según la denominación dada por el mundo clásico.

Otro dato importante a tener en cuenta en esta riquísima estrofa radica en las alusiones a los Tigres y a los Gigantes que, desde el punto de vista tradicional, no vienen a figurar sino una y la misma cosa. En efecto, suelen ser ellos netas figuraciones de los Kshatriyas, vale decir, de los 'guerreros' representantes del 'poder temporal'. Esto nos lleva a conjeturar que en esa segunda edad acaso se haya producido, por vez primera, una alteración del orden natural de las castas, lo que constituiría una efectiva desviación que bien pudo haber sido causa de la precitada 'caída'. Esta cuestión, sumamente delicada para ser tratada en una nota tan breve, encuentra sin embargo paralelos en otras tradiciones. Sin ir más lejos, Hesíodo sugiere que en la segunda humanidad existió un predominio Kshatriya acompañado, por ende, de un necesario eclipse de la autoridad espiritual:

(…) pues no podían apartar de entre ellos una violencia desorbitada ni querían dar culto a los Inmortales ni hacer sacrificios en los sagrados altares de los Bienaventurados, como es norma para los hombres por tradición. [Trabajos y días, 134-138].

Otros mitos referentes a 'Gigantes' que se rebelaron contra los dioses podrían ser situados temporalmente, aunque con todas las reservas del caso, en esta fase inmediatamente posterior a la 'Edad de Oro primigenia'. Como sea, nótese que en la tradición hebrea este lapso correspondería al del predominio de Caín, personaje que, bajo algunos aspectos, se liga visiblemente a la segunda casta siempre y cuando se la considere sólo bajo sus aspectos 'maléficos'. Asimismo, la 'potencia' encarnada en el Shet egipcio y su acción disolvente tampoco parecería ser del todo ajena al asunto.

No obstante, creemos haber dicho lo suficiente por ahora sobre este oscuro punto y, radicando como radica en el mismo el origen de una aberración que llega incluso hasta nuestros días, juzgamos prudente no dar más precisiones en torno a una cuestión sobre la que tenemos planeado ocuparnos específicamente en breve.

Se cimentó luego el tercer Sol.

Su signo era 4-Lluvia.

Se decía Sol de Lluvia [de fuego].

Sucedió que durante él llovió fuego,

los que en él vivían se quemaron.

Y durante él llovió también arena.

Y decían que en él

llovieron las piedrezuelas que vemos,

que hirvió la piedra tezontle

y que entonces se enrojecieron los peñascos.

Las 'lluvias de fuego' o conflagraciones constituyen, igual que los diluvios, un punto reiterado en distintos mitos. En la Biblia contamos con el relato de la destrucción de Sodoma que, sin ser un acontecimiento situado en una época tan distante como la aludida en esta estrofa y sin duda de carácter mucho más 'local', bien pudiera ubicarse en un tiempo bastante anterior al que se piensa y, además, como reproduciendo a menor escala el recuerdo de un evento previo de alcances masivos.

Según es nuestra costumbre, nos cuidaremos mucho de intentar 'precisar', sea cronológica, sea geográficamente, datos como el presente. No obstante, remarquemos solamente lo siguiente: la catástrofe de que aquí se trata tuvo por fuerza que haber sido anterior a la que puso fin al continente atlántico, del cual los habitantes del México antiguo procedían. Muy por el contrario, se habla acá puntualmente del cataclismo que 'marcó el comienzo', si así puede expresarse, del Gran Año donde habría de desarrollarse el predominio de la civilización Atlante.

Antes de proseguir con los restantes versos, cabe preguntarse si en otras tradiciones hallamos un equivalente a este mito. La respuesta no será de ninguna manera fácil, pero según algunas concordancias de peso no resultaría arriesgado postular que el relato griego de Faetón pueda ser análogo. Sin intentar embarcarnos en el análisis de esta antiquísima historia, anotemos simplemente que la misma no debe entrañar otra cosa que un lejano recuerdo acerca de la caída de un cuerpo celeste (un 'hijo' del sol) en algún punto del sector noroeste del Océano Atlántico.

Se cimentó luego el cuarto Sol, se decía Sol de Viento.

Su signo era 4-Viento.

Durante él todo fue llevado por el viento.

Todos se volvieron [*como] monos.

Por los montes se esparcieron,

se fueron a vivir los hombres [*como] monos.

El destino de la humanidad inmediatamente anterior a la nuestra no deja de ser altamente sugestivo. Se indica de ella que fue 'llevada por el viento', esto es, esparcida, dispersada. Y en efecto, si confrontamos este dato con lo apuntado en el Génesis bíblico para la etapa correspondiente, vale decir, el extenso período de tiempo que, a partir del Diluvio, culmina con el relato de la Torre de Babel, tenemos que también allí la 'marca de pasaje' de una humanidad a otra está dada por una 'dispersión a gran escala'.

Y por cierto, poseemos profundas razones para afirmar que durante los milenios que median entre el cataclismo que puso fin a la Atlántida –que no fue otro que el Diluvio bíblico– y el nacimiento de los tiempos llamados 'históricos', el orbe terrestre fue testigo de lentas pero sostenidas migraciones de pueblos. Estas migraciones, por lo demás, no fueron producto inmediato del hundimiento de aquella gran civilización, sino que dicha desaparición vino a ahondar rutas de colonización que ya existían desde las épocas de apogeo de la isla-continente.

La direcciones que tales migraciones desarrollaron ya es una cuestión mucho más difícil de establecer. Mencionemos solamente, y a título puramente hipotético, tres corrientes procedentes del Atlántico con dirección este: meridional la primera, central la segunda y una tercera septentrional. No sería imposible, además, que esta última pueda haberse 'reabsorbido', en cierto momento, con una cuarta corriente procedente del Norte, deudora directa de Hiperbórea. Y por último, al menos un cuarto contingente pudo haber tomado una dirección contraria, esto es, hacia el oeste, constituyéndose en los antepasados de las civilizaciones mal llamadas 'precolombinas' del área mesoamericana.

Una última acotación: la cuarta humanidad, al alejarse del Principio, o sea, de la Unidad, no sólo padece una 'dispersión', sino que de sus hombres se dice que se volvieron 'como monos'. Evidentemente, para el pensamiento de una cultura genuinamente tradicional el 'tornarse como mono' no puede ser otra cosa que figura de algún tipo de degeneración causada por la marcha descendente del ciclo. Compárese la justeza de esta imagen con la absurda hipótesis evolucionista propia de la época moderna; hipótesis que necesariamente debía hallar su lugar en nuestro tiempo funcionando como lo que es: otro de los signos de la reversión paródica, y hasta ominosa, respecto de lo que fue la genuina situación del hombre primordial.

El quinto Sol:

4-Movimiento su signo.

Se llama Sol de Movimiento,

porque se mueve, sigue su camino.

Y como andan diciendo los viejos,

en él habrá movimientos de tierra,

habrá hambre

y así pereceremos.

En el año 13-Caña,

se dice que vino a existir,

nació el sol que ahora existe.

Entonces fue cuando iluminó,

cuando amaneció,

el Sol de Movimiento que ahora existe.

4-Movimiento es su signo.

Es este el quinto Sol que se cimentó,

en él habrá movimientos de tierra,

en él habrá hambres.

Este Sol, su nombre 4-Movimiento,

éste es nuestro Sol,

en el que vivimos ahora,

y aquí está su señal,

cómo cayó en el fuego el Sol,

en el fogón divino,

allá en Teotihuacan.

Igualmente fue este Sol

de nuestro príncipe, en Tula,

o sea de Quetzalcóatl.

No nos extenderemos demasiado acerca al tramo final del poema. A todas luces incumbe a la fase terminal del Manvántara, período en el que nos encontramos actualmente desde hace milenios y correspondiente, en términos generales, a la que Hesíodo caracterizó como Edad de Hierro y el pensamiento hindú llamó Kali Yuga.

Nótese que el rasgo predominante de este último sol tiene que ver con 'el movimiento', esto es, con el estado de cosas que carece de un fundamento 'estable' y por ello se encuentra sometido a la permanente oscilación y al perpetuo cambio. Además, las alusiones a la situación de la humanidad en el curso de este sol, si bien que escuetas, no desmienten en nada todo lo expuesto por nosotros en el estudio anterior.

Para terminar, no estará de más aclarar que la mención final a Tula no alude a la Tula hiperbórea, sede de la Tradición Primordial y, por ello, patria originaria de la humanidad del presente ciclo en su conjunto, sino a la Tula atlante, ya un centro espiritual secundario, alejado de los orígenes aunque lugar de arranque, eso sí, de la primitiva tradición tolteca.

Guillermo Garcia Ferreira


quarta-feira, 28 de julho de 2010

TRANSPOSIÇÃO DIMENSIONAL

Muito se fala sobre as diferentes dimensões de consciência pelas quais vamos passar, mas como isso ocorre e o que vem a ser cada dimensão, poucos tem a percepção para esclarecer.
Para se entender melhor a relação entre o plano dimensional no qual vivemos e as dimensões que ficam acima da referida 3ª dimensão, devemos basear-nos na estrutura do átomo, com seu núcleo e sua coroa de elétrons externos. Todos os átomos da natureza vibram constantemente.
Essa vibração eqüivale a um pulso de ondas eletromagnéticas, sendo que conforme maior for a amplitude da freqüência com que ela se manifesta, tanto maior será a sua velocidade de pulso. Com isso a energia cinética é maior, o que permite que a densidade molecular seja menor. Isso possibilita a transposição da matéria para outro estado.
Podemos utilizar como base o principio de mudança de estado da matéria: conforme a temperatura aumenta, as moléculas se excitam, permitindo que os elétrons se afastem do núcleo até que ocorra a mudança molecular, que verificamos como a completa transformação de um sólido em líquido, ou do líquido em gás.
O mesmo ocorre com as dimensões, embora exista uma diferença na origem desses pulsos. A relação entre a capacidade mental de um ser humano e a dimensão na qual ele se manifesta está relacionada com a natureza de seus padrões mentais. Quanto mais densas forem as suas manifestações mentais maior será a densidade de seu corpo, pois a mente de um ser humano é o projetor que estabiliza todas as funções corpóreas. Com isso vale dizer que o corpo vibra na mesma proporção na qual a consciência dessa pessoa se manifesta. As dimensões são realidades de percepção extrasensorial, que se classificam pela sua vibração de acordo com a pureza de suas manifestações no plano mental. Quanto mais nobres as emanações mentais, maior será a energia envolvida, o que se reflete imediatamente na forma de luz. A luz que verificamos nas representações artísticas ou visões de um ser Ascensionado ou angelical são na verdade a manifestação materializada do padrão vibracional de sua mente, pois a sua realidade é de um mundo mais harmônico. A quarta dimensão vibra 1000 vezes mais rápido do que a nossa 3ª dimensão; por sua vez, a 5ª dimensão é 1000 vezes mais veloz do que a 4ª, e assim por diante. O planeta é generalizado quanto à sua dimensão principal pela média estatística das emanações de seus habitantes. Isso determina a primeira dimensão básica, o que não impede a manifestação de outros planos. O que ocorre na Terra é que as entidades que se encontram no chamado mundo intraterreno possuem uma grande parcela atuando na 4ª e outros na 5ª dimensão, agregando-se a isso muitas das entidades ligadas à Fraternidade Branca que estão na Terra, em seus templos etéricos tanto no subsolo como na superfície. São seres da 5ª e 6ª dimensão, e por essa razão a Terra é um mundo multidimensional que possui uma grande irmandade em planos mais evoluídos que, em comparação com o número de habitantes da 3ª dimensão, estão em minoria. O processo de transposição dimensional pelo qual vamos passar até o ano de 2028 refere-se diretamente a uma necessidade astrofísica do, planeta, que deverá estabilizar- se em uma nova órbita solar juntamente com seus vizinhos. Para que isso ocorra, a Terra não poderá mais manifestar vida no plano tridimensional, pois esse tipo de manifestação não sobreviverá às novas condições ambientais que existirão no futuro. O processo já teve inicio em 1958 quando o Mestre Ascensionado Saint Germain assumiu o cargo de Avatar para a Era de Ouro, introduzindo o poder transmutador da Sagrada Chama Violeta e com isso acelerando o processo. Todas as mudanças políticas e econômicas do planeta são obra deste processo do nosso despertar para uma nova realidade. A nossa dimensão atualmente encontra-se em 3,49 , o que nos deixa a meio caminho da 4ª. Isso pode ser comprovado diretamente com os nossos parâmetros sociais e culturais dos anos 40 e 50. Nossas crenças e conceitos, bem como a nossa credibilidade modificaram- se bastante, seja devido ao adianto tecnológico, seja pela programação de TV, que desenvolve assiduamente o tema de extraterrestres em nossa cultura. Com isso nossa mente está se abrindo para novas realidades. O movimento ambientalista no mundo tem sido esmagador nestes últimos 15 anos. Isso reverte-se a uma busca interior pelo equilíbrio com a natureza, que é uma parte da manifestação de entidades telúricas que ficou esquecida desde o fortalecimento político e econômico das instituições religiosas. Tudo o que era antigamente considerado como parte da natureza espiritual passou a ser tratado como lenda ou bruxaria. Esses conceitos estão voltando para nossas vidas. Isso está ocorrendo em quase todo o mundo, basta querer enxergar essa nova realidade. Com isso os nossos padrões mentais assumem uma nova característica voltada para o espiritual na busca de respostas. A penetração no materialismo ou na fisicalidade ficou mais tênue do que foi nos anos 60 e 70. A nossa nova postura perante os descasos governamentais, a mídia e as facilidades de comunicação via TV, Internet e outros sistemas de comunicação, vieram contribuir para o processo de mudança genérica da consciência coletiva de nossa sociedade. Ainda existe muito por ser trabalhado, mas já temos superado diversas etapas criticas de nossa realidade anterior. Acredito que em breve, na virada do milênio, estejamos vibrando em 3,50 a 3,51, o que significa dizer que, estando nesse patamar, a influência do Sinistro Governo Secreto não poderá mais se manifestar como vem efetuando em nossa atual dimensão, porque as entidades que pertencem a um plano vibracional mais denso não suportam vibrações acima de 3,50. Todas as estruturas planetárias estão mudando, não só as de nossos padrões mentais, mas também as estruturas internas de nosso planeta e de toda a fauna. A Terra despertou de um processo de hibernação a nível de consciência planetária. Ela vinha suportando as nossas ofensas e atos destrutivos, na esperança que parte da sociedade mundial despertasse Mas com as tentativas do Sinistro Governo Secreto de destruir as linhas magnéticas da consciência Cristica, através das detonações nucleares dos Franceses, que na verdade eram testas de ferro dessa organização, desencadeou- se uma reação climática e geodésica por parte da Terra. Eles pretendiam desativar esses centros de energia, que estão ligados às aberturas polares que recebem a energia do nosso Sol e o transmutam para o Sol Central interno do planeta, o nosso núcleo. Com a interrupção do fluxo de energia nas linhas Cristicas, eles acreditavam que poderiam desativar os centros etéricos de luz da Fraternidade Branca, entre eles a cidade de Agharta. Mas foram interrompidos pelos membros da hoste Ascensionada quando iam efetuar a detonação da 6ª bomba. Não adiantaria nada contra essa falange de seres angélicos, pois eles não se manifestam nos planos da matéria, portanto os únicos prejudicados seriam os seres da 3ª dimensão. No entanto, as 5 explosões anteriores acabaram por despertar um processo dentro da Terra, que está se manifestando já de inicio com a explosão do vulcão da ilha de Monsenhor, o que não deve parar por ai. O nosso planeta não vai mais aguardar o nosso despertar. Nós humanos teremos que nos adaptar às novas realidades que ela irá manifestar em sua estrutura geológica. Essas mudanças também afetam diretamente os nossos corpos sutis, pois na medida em que a consciência da Mãe Terra se modifica, a sua constante dimensional se desloca para um patamar mais sutil. Com isso os nossos corpos sutis sofrem um efeito de deslocamento espacial, que reflete diretamente sobre os nossos corpos físicos. Em muitas pessoas serão observados dores e mal estares sem explicação. Isso pode ser correlacionado com a expansão áurica, o que não corresponde totalmente a essa realidade, pois ela é função das mudanças sutis dos corpos planetários que compõem a Terra. A dimensão que costumamos designar como a 3ª na qual vivemos é apenas uma das realidades na qual o planeta manifesta a vida, sob diversas formas distintas. O nosso trabalho individual de burilamento é a única forma de buscarmos a real compreensão dessas realidades alternativas, na qual temos as manifestações de nossas outras realidades.